Vol. 1. N°24 (II Semestre 2016) – Recensión

Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Playa Ancha

Valparaíso, Chile | e-ISSN 0718-4018 http://www.revistafaro.cl      

                                                 

 

 

La carretera, una novela distópica
La carretera, a dystopian novel

 

Marcelo León Castro [1]
Universidad Tecnológica Equinoccial, Ecuador
marcelo.leon@unileon.es

Yovany Salazar Estrada [2]
Universidad Nacional de Loja, Ecuador
ysalazarec2002@yahoo.es

Cormac McCarthy. La Carretera (2007). Barcelona: Mondadori; 210 pp. ISBN: 978-84-397-2077-5

 

 

 

Resumen •Se propone realizar una lectura analítica de La carretera, de Cormac McCarthy, como novela distópica y para hacerlo se distribuye el contenido del trabajo en tres apartados. En el primero se alude a la trama narrativa de la obra en estudio. Adviene, luego, la caracterización de La carretera como novela distópica, en donde se ejemplifica, describe y analiza la recreación literaria de la masiva muerte de los habitantes del planeta, la violencia entre seres humanos, la destrucción de la naturaleza y de toda expresión de vida y la consecuente ausencia de futuro. El artículo termina con la presentación y análisis de los pocos aspectos positivos y esperanzadores presentes en La carretera, los cuales derivan del pensamiento, sentimiento, palabra y acción del niĖo que coprotagoniza la ficción novelesca estudiada.

Palabras clave  •Cormac McCarthy - distopía - novela insólita - novela estadounidense - novela pos apocalíptica.

Abstract • It was proposed to make an analytical reading of The Road, from the writer Cormac McCarthy, as an apocalyptical novel divided into three sections. The first one suggests narrative work under study. Then it comes the characterization of the road as apocalyptical novel, where it describes and analyzes the literary recreation of the mass death of the planet, violence among human beings, destruction of nature and every expression of life and consequent absence of future. The article ends with the presentation and analysis of the few positive and hopeful aspects of The Road which derives from thought, feeling, word and deeds of the co-starring child.

Key Words •Cormac McCarthy - dystopia - unusual novel - American novel - post-apocalyptic novel.

 

 

1. Introducción

Se asume a la distopía (mal-lugar) como un neologismo creado por el político y filósofo británico John Stuart Mill, quien en 1868 utilizó el término durante un discurso político contraponiéndolo al de utopía (Cfr. Díez, 2016). En aĖos más recientes y según el Diccionario de la lengua espaĖola, la distopía se refiere a la “representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana” (Real Academia EspaĖola, 2014).

Las distopías imaginan cronotopos futuros distintos, aunque basándose en la estructura y principios de la realidad real conocida y reconocida por todos. Es decir, las distopías, en su forma más común de representarse en la literatura de ficción, constituyen especulaciones sobre realidades “empeoradas” en relación a las ya existentes (Cfr. Díez, 2016). En similar direccionalidad del pensamiento, según Estrella López, lo que proyectan las distopías hacia el futuro no revierte en una imagen idílica, ni siquiera aceptable, del presente, sino que lo que hacen es proyectar tendencias o realidades indeseables por negativas (Cfr. López, 1991: 55)), pesimistas, catastróficas o apocalípticas.

En el contexto de los grandes acontecimientos históricos que, en el siglo XX, marcaron el futuro de la humanidad, como fueron las dos grandes guerras mundiales, la Guerra Fría, la carrera armamentista, el uso de la energía nuclear con fines de destrucción masiva, las amenazas que se ciernen sobre el planeta derivadas del cambio climático o el calentamiento global han configurado el escenario propicio para que emergen ficciones novelescas distópicas, apocalípticas o pos apocalípticas, las mismas que plantean el final de la especie humana y de toda forma de vida sobre el planeta, como letal consecuencia de catástrofes bélicas, nucleares o medioambientales.

En virtud de esta caracterización se ha enfatizado en la proximidad de la distopía respecto del mundo en el que habitamos, es decir, una distopía, a diferencia de otros modos de lo insólito, comparte muchos aspectos con la realidad, a partir de la cual el autor delinea su obra y desde la cual el lector accede a ella. En este sentido se ha manifestado que la distopía, en su expresión literaria, difícilmente puede considerarse como una literatura de evasión de la realidad real, sino que se encuentra firmemente enraizada en ella.

En similar línea de pensamiento, el crítico estadounidense Frederic Jameson en su estudio Arqueologías del futuro (2005) admite el hecho de que la distopía se sitúe siempre en un futuro no demasiado lejano, y que hunde sus raíces en procesos históricos coetáneos con su escritura, lo cual implica una innegable perspectiva ética que de alguna forma nos impele a modificar o tomar conciencia del desastre anunciado (Cfr. Díez Cobo, 2016).

 

2. La trama narrativa de La carretera de Cormac McCarthy

La carretera (2007) [2006], de Cormac McCarthy (1933) constituye una novela pos apocalíptica en la que se narra la historia sobre un viaje emprendido por un padre y su hijo por parajes que ha sido destruidos por un cataclismo del que no se tiene datos precisos, pero que ha eliminado la inmensa mayoría de expresiones de cultura, civilización y diversas formas de vida sobre el planeta. La novela alude a la historia del Oeste de los Estados Unidos y, más en concreto, la recreación del espacio de frontera entre Estados Unidos y México, en un improbable viaje que se dirige siempre hacia el Sur, con la esperanza de escapar de la destrucción, las ruinas y la muerte del Norte de globo terráqueo y encontrar un nuevo espacio para la conservación de la esperanza y la vida en el Sur.

La carretera se presenta como una novela distópica; por cuanto desde la propia dirección del desplazamiento de los protagonistas se patentiza como una ficción a contracorriente de lo que acontece en la realidad actual; puesto que en este momento histórico el desplazamiento de personas, por múltiples causas, dentro de las cuales se encuentra también las naturales o medioambientales, se origina en el Sur del planeta y casi siempre se dirige hacia el Hemisferio Norte (Cfr. UESS, 2004: 15-17). Muy por el contrario, en la novela estudiada se ficcionaliza el viaje de los dos protagonistas, desde Estados Unidos hacia México, es decir en dirección al Sur, como si en él se encontrara el último reducto de esperanza de vida: “irían hacia el sur. Aquí era imposible sobrevivir un invierno más”, aunque en la práctica esta región del planeta se presente, también, como “árida, silenciosa, infame” (McCarthy, 2007: 10).

 

3. La Carretera, una novela distópica

La carretera se presente como una novela distópica por una serie de elementos, como la muerte de los seres humanos, la violencia en sus interacciones, la recurrente presencia de la muerte, la destrucción de la naturaleza y de las diversas formas de vida que la habitan y la carencia de un futuro esperanzador.

 

4. La muerte de los seres humanos

En La carretera lo que más destaca es la recreación literaria de los aspectos vinculados con la degradación, la enfermedad, la destrucción, la desolación y la muerte, los cuales están presentes por doquier durante el trayecto recorrido por los protagonistas del novela: “la ceniza del mundo difunto trajinada de acá para allá por los crudos y transitorios vientos en el vacío” (McCarthy, 2007: 14-15). Por esta razón, en el trayecto que efectúan los protagonistas de la ficción analizada solo se avizoran elementos vinculados con este catastrófico proceso de extinción de toda forma de vida, comenzando por la humana, que constituye uno de los aspectos que más espacio de representación ha copado en la ficción novelesca.

Desde que comienza el viaje de los personajes en dirección al Sur lo que encuentran por todas partes son “muertos momificados. La carne rajada a lo largo del hueso, los ligamentos tirantes como alambres de tan secos que estaban” (24). Espeluznante presencia de muertos que no dejan de causarle dolor, asombro y repugnancia a los impenitentes viajeros: “cuerpos humanos. Espatarrados en toda suerte de posturas. Resecos y encogidos en sus prendas podridas” (40). En el trayecto, mientras los caminantes buscan con ansiedad comida para saciar el hambre y poder sobrevivir lo que encuentran es “un cadáver reseco con la colcha subida hasta el cuello” (64). Más adelante, aunque cansados y somnolientos, solo advierten los “dibujos de sangre seca en los rastrojos y grises vísceras enroscadas allá donde los muertos habían sido destripados y llevados como animales. Sobre el muro del fondo un friso de cabezas humanas, todas de parecido rostro resecas y hundidas con la sonrisa rígida y los ojos marchitos” (70-71). En razón de esta incesante presencia de muertos, que los protagonistas encuentran en el camino hacia el Sur el niĖo, que coprotagoniza la ficción, lleno de curiosidad pregunta al padre sobre cuántas personas todavía estarán vivas en todo el mundo a lo que éste responde “no sé cuánta gente puede haber, dijo. No creo que sean muchos” (180). 

La enfermedad está, asimismo, presente y se pone de manifiesto en la tuberculosis que padece el protagonista de la novela, catastrófica enfermedad que poco a poco va minando la vida hasta llevarlo a la muerte y dejar al pequeĖo vástago en la total soledad e indefensión: “el tosía todo el tiempo y el chico le veía escupir sangre. Caminando encorvado. Mugriento, andrajoso, desesperanzado” (200) y cerca del final de la novela el hombre “tosió hasta que no pudo toser más” y, finalmente, murió.

Junto con la presencia de la enfermedad y la muerte también asedian las necesidades humanas básicas, como el vestido y la alimentación, que resulta muy difícil poder satisfacerlas en un universo en ruinas: “lo que más le preocupaba eran los zapatos. Eso y qué comer. La comida, siempre la comida” (19). La hambruna es tan grave que, por falta de alimento, incluso se llega a revivir la amenaza de la antropofagia, de cuya vigencia dan palmarias muestras el grupo de personas que se encuentran prisioneras y que sirven de sustento para sus captores: “en el colchón yacía un hombre al que le faltaban las dos piernas hasta la cadera, los muĖones quemados y ennegrecidos” (85).

 

5. La violencia entre seres humanos

La exploración de situaciones extremas de violencia y degradación en el comportamiento de los seres humanos, junto con la inseguridad y el miedo, constituyen otro de los aspectos que destacan en la novela analizada; por ello, en el transcurso del viaje de los protagonistas “en las mochilas habían cosas básicas. Por si tenían que abandonar el carrito y echar a correr” (McCarthy, 2007: 11). Bajo esta lógica de permanente beligerancia entre seres humanos, la presencia de otras personas en el recorrido de los solitarios viajeros, lejos de alegrarles o de constituir una fuente de esperanza para poder dar respuesta a las necesidades básicas insatisfechas se convierte en una grave amenaza para la seguridad personal y hasta para la propia vida; por ello, en una ocasión en la que iban a encontrarse con unos desconocidos: “se cargó las dos mochilas y echaron a correr entre los quebradizos helechos. El chico estaba aterrorizado. Corre, susurró. Corre” (50).

Los dos caminantes que protagonizan la novela tenían razón de no confiar de las contadas personas con las que se cruzaban en el camino que recorren, por cuanto uno de estos desconocidos pretendió causarle daĖo al pequeĖo infante coprotagonista de la ficción: “cuando levantó la vista el forajido tenía el cuchillo en la mano. Solo había dado dos pasos pero estaba casi entre él y el niĖo” (53). En otra ocasión los desconocidos vuelven a amenazar la integridad y vida de quienes se desplazaban con rumbo al Sur y siempre al Sur: “tres hombres salieron de detrás de un camión y se plantaron en mitad de la calle. Chupados, vestidos con harapos. EmpuĖando trozos de tubería. ņQué lleváis en la cesta? Los apuntó con el revólver. Se quedaron quietos” (138).

Obviamente que los otros contados seres humanos que aún sobreviven al cataclismo que envuelve al ambiente y  escenario de la historia ficticia y que se atraviesan en el camino que recorren padre e hijo están signados por el miedo; por esa razón ellos, también, tratan de huir: “creo que nos han visto, dijo el hombre. Que nos han visto y huido. Han visto que tenía un arma” (147).

 

6. La destrucción de las naturaleza y toda expresión de vida

Otro aspecto muy evidente en La carretera constituye la degradación o destrucción del medio ambiente; motivo por el cual la muerte no solo afecta a los seres humanos sino también a otras formas de vida como la vegetal: “troncos de árboles calcinados y desprovistos de ramas a ambos lados” (McCarthy, 2007: 12). Y hasta cerca del final del recorrido de los protagonistas no dejan de encontrar vestigios de la vegetación muerta: “habían empezado a encontrar grupos de pinos abatidos, grandes tajos de guadaĖa sembrando la muerte a través del campo” (201).

La contaminación es muy alarmante y de ella no se salvan ni el aire ni el agua, en cualesquiera de los estados en que permanezca: “al otro extremo del valle de la carretera atravesaba un arroyo completamente negro” (12). Más adelante los ojos anhelantes de los viajeros encuentran “nieve fangosa y gris en las cunetas. Un agua negra corriendo por debajo de los empapados montones de ceniza” (18). Mientras caminan van comprobando la presencia de agua carente de vida, tal como lo evidencian los agonizantes ríos: “en el crepúsculo largo y gris cruzaron un río y se detuvieron y desde la baranda de hormigón contemplaron el agua muerta pasar despacio por debajo” (119).

El fuego, en clave de símbolo negativo, también hace sentir sus efectos destructores en campos y ciudades antes llenos de vida: “casi toda la ciudad estaba quemada. No había seĖales de vida” (15). En el entorno natural del Sur a donde se dirigían los protagonistas, igual todo “estaba quemado hasta donde alcanzaba la vista, renegridas formas rocosas despuntando entre los bancos de cenizas y oleadas de ceniza elevándose para alejarse sobre la tierra baldía” (17). Los incendios, naturales o provocados, son capaces de destruir cualquier forma de vida: “un incendio en el bosque se abría paso por los cerros de pura yesca, llameando y titilando como una aureola boreal contra el cielo nublado” (29). Esta visión apocalíptica del efecto destructor del fuego los acompaĖa hasta el término recorrido: “al cabo de dos días llegaron a una región donde las tormentas de fuego había dejado a su paso kilómetros y kilómetros de tierra quemada. En la calzada una costra de ceniza de varios centímetros de espesor y difícil avanzar con el carro” (141).

 

7. La ausencia de futuro

El carácter distópico de la novela estudiada se pone de manifiesto en la ausencia de un futuro que dé sentido a las acciones humanas del presente; por esta razón, como dice el protagonista de la novela: “por lo que a mí respecta mi única esperanza es la nada eterna y la deseo con toda mi alma” (McCarthy, 2007: 48). Cuando este mismo personaje se dirige a su pequeĖo vástago, le manifiesta que luche hasta final y que no se arredre por nada, porque: “cuando sueĖes con un mundo que nunca existió o con un mundo que no existirá y estés contento otra vez entonces te habrás rendido” (141). En este escenario de destrucción se llega a la representación del insólito proceso de involución de toda manifestación de vida: “se sentaron en el estribo roto de la carretera y vieron como el río retrocedía sobre sí mismo y se enroscaba sobre la celosía de hierros” (201). Incluso cuando la muerte haya cumplido todos sus cometidos, hasta ella misma habrá perdido su razón de ser, porque ya no tendrá contra quien actuar: “cuando todos hayamos desaparecido entonces no quedará nadie aquí salvo la muerte y sus días también estarán contados” (129).

Paradójicamente, sólo en la destrucción final del planeta sería factible desentraĖar su intrincada estructura y funcionamiento: “tal vez en su destrucción sería posible al ver cómo estaba hecho el mundo. Océanos, montaĖas. El fatigoso contra espectáculo de las cosas dejando de existir. La extensa tierra baldía, hidrópica y fríamente secular. El silencio” (201)

 

8. Los aspectos positivos y esperanzadores en La carretera

No obstante la predominancia de elementos catastróficos y apocalípticos, un aspecto destacable, en sentido positivo, es la profunda y estrecha relación existente entre el padre y el hijo; puesto que el padre es capaz de ofrendar incluso la propia vida o terminar con la de otro ser humano en defensa de la de su hijo: “mi deber es cuidar de ti. Dios me asignó esa tarea. Mataré a cualquiera que te ponga la mano encima. ņLo entiendes?” (McCarthy, 2007: 61).

De forma complementaria, lo único que es capaz de dotar de esperanzas en la lucha por la vida en el personaje adulto e incluso con plena capacidad de generar esperanza de nueva vida es el niĖo. De esta esperanzadora realidad es muy consciente el padre: “sólo sabía que el niĖo era su garantía. Y dijo: si él no era palabra de Dios Dios no ha hablado nunca” (10); por ello, cuando el padre se siente enfermo y presiente que muy pronto le llegará la segura muerte, el niĖo es la única persona capaz de insuflarle ánimo para que pueda seguir sobreviviendo en tan difíciles condiciones: “te pondrás bien papá. Tienes que ponerte bien” (204). Y cuando la vida terrena del padre llega a su término, el pequeĖo hijo es quien promete recordarlo siempre, no olvidarlo nunca jamás: “lloró mucho rato. Te hablaré todos los días susurró. Y no me olvidaré. Pase lo que pase” (209).

El niĖo coprotagonista de la novela se muestra como un ser humano sensible y de noble corazón, en virtud de lo cual nunca es incapaz de hacer daĖo a otra persona, sino que más bien se preocupa por la suerte de los congéneres que en similares o peores condiciones encuentra en el camino hacia el Sur. Una expresión de estas cualidades del pequeĖo infante son las palabras que dirige al padre cuando se separa de un niĖo a quien abandonan al poco tiempo de haberlo entrevisto en el camino: “ņY si el niĖo no tiene a nadie que cuide de él?, dijo. ņY si no tiene papá?”, motivo por el cual insiste con llevarlo consigo, incluso con la mascota que le hace compaĖía: “podríamos llevarlo con nosotros. Podríamos ir a buscarlo y llevarlo también al perro” (67). Esa preocupación por el niĖo lo deja intranquilo hasta muchos días posteriores: “estaba llorando otra vez. ņQué le pasará al niĖo?, sollozó. ņQué le pasará al niĖo?” (68). En otra ocasión en la que encuentran a otro ser humano desvalido, el niĖo intercede ante el padre para que le dé parte de la poca comida que disponen. El progenitor atiende los pedidos del hijo y de ello le hace ostensible al desconocido beneficiario: “debería darle las gracias al chico, ņsabe?, dijo el hombre. Yo no le habría dado nada” (129).

En la historia se advierte, asimismo, que el niĖo es el único ser humano que aún no está contaminado por el virus de la violencia que azota a la sociedad en degradante proceso de destrucción. El niĖo muestra un corazón bondadoso, incluso en favor de quienes le hacen daĖo o intentan causárselo. Una evidencia de ello constituye el dramático pedido que formula al padre para que no mate a un hombre que les robó el carro de compras, que era el único medio de transporte para llevar las pocas pertenencias que les permiten sobrevivir en un entorno apocalíptico: “papá, por favor, no le mates” y más adelante, incluso, pide al padre que le den comida al necesitado hombre: “solo tenía hambre, papa. Se va a morir” (189, 191), a cuyo pedido el padre, otra vez, reacciona de manera afirmativa.

 

9. Conclusión 

El carácter distópico de La carretera induce a reflexionar sobre los peligros de la sociedad contemporánea, en la cual los afanes de lucro, ganancia y rentabilidad abundante e inmediata llevan a implementar procesos productivos que degradan y destruyen, a pasos agigantados, el medioambiente del que somos parte, sin importar las letales consecuencias que puedan advenir en el mediano y largo plazos, las mismas que ponen en riesgo toda forma de vida sobre el planeta, comenzando por la humana.

Los fundamentalismos, la intolerancia y la violencia, que llevan a invertir ingentes cantidades de dinero en la construcción de armas letales para destruir a los “otros” seres humanos por el delito de ser, pensar, sentir y actuar como diferentes también se llegan a convertir en severas amenazas, para el género humano su conjunto e incluso para otros seres vivos, que se convierten en víctimas inocentes de las detestables acciones destructivas de los humanos.

Desde otra orilla del pensamiento, el sentimiento y la acción, no obstante las visiones catastróficas y apocalípticas que predominan en la ficción novelesca analizada, aún quedan espacios para el futuro esperanzador en el Hemisferio Sur y de los positivos cambios que tanto espera la civilización actual bien pueden ser actores y protagonistas los integrantes de las nuevas generaciones que son las portadoras de nuevas visiones de desarrollo y tienen clara conciencia de los necesarios cambios en el proyecto civilizatorio, que si no se lo re direcciona a tiempo nos puede llevar al colapso definitivo y total.

 

 

Referencias Bibliográficas

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López Keller, E. (1991). Distopía: Otro final de la utopía. Reis, 55, 91. pp. 7-23. En https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/758594.pdf[Consultado el 23 de mayo de 2016].

Jameson, F. (2009). Arqueologías del futuro: el deseo llamado futuro y otras aproximaciones de ciencia ficción. Madrid, Akal.

McCarthy, C., Murillo Fort, L: (traductor). (2007). La carretera. 4 ed. Barcelona, Mondadori. 2010p.

Real Academia EspaĖola (2014). Diccionario de la lengua espaĖola, 23. Ľ ed. Madrid, Espasa Calpe.

Solfrini, G. (editor). (2005). Tendencias y efectos de la emigración en el Ecuador: Las dinámicas de migración irregular. Quito, Imprefepp. 193p.

Universidad de Especialidades Espíritu Santo (UEES) 820049. Las remesas, móvil de la migración ecuatoriana. Guayaquil, UEES.

 

Notas

 

[1] Profesor - Investigador de la Universidad Tecnológica Equinoccial, Profesor de la Universidad Península de Santa Elena, Ecuador.  Doctorado en Integración y Desarrollo Económico Territorial por la Universidad de León, EspaĖa.

[2] Doctorado en Filosofía en un mundo global. Profesor de la Carrera de Lengua Castellana y Literatura de la Universidad Nacional de Loja - Ecuador