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Vol. 1. N°24 (II Semestre 2016) – Foro Científico

Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Playa Ancha

Valparaíso, Chile | e-ISSN 0718-4018 http://www.revistafaro.cl                                                             

 

 

El golpe militar brasileño y su herencia en los problemas sociales del país
The brazilian dictatorship and its inheritance in the social problems of the country

 

Ana Luiza Valverde Da Silva [1]
Universidad de Valencia,
analuizavalverde@gmail.com

 

 

Recibido: 30 de agosto de 2016
Aceptado: 10 de diciembre de 2016

 

 

g   Resumo •Examinar la política brasileña posibilita la comprensión de los conflictos que viven los ciudadanos bajo una administración pública problemática, corrupta e inepta. La sociedad brasileña sufre problemas que existen desde el inicio de la república y que infelizmente nunca fueron saneados. La base de los conflictos políticos, económico y sociales de Brasil se perpetúan desde la proclamación de la república. Los problemas del país son consecuencia de la ideología de gobernantes preocupados por mantener los intereses oligárquicos, partidarios y elitistas. Pocos fueron los presidentes que consiguieron disminuir las diferencias de clases y trabajar por el beneficio general de la nación. La historia política del siglo XX muestra la tendencia del gobierno a favorecer a unos pocos, a la corrupción y la represión de la población como un todo. Este artículo discurre sobre la dictadura militar y su llegada que hasta los días actuales aún no fueron superados.

g   Palabras clave   •Brasil - política - dictadura militar - crisis social.


g   Abstract To analyze the Brazilian policy enables understanding the conflicts that citizens living under a problematic public administration: corrupt and inept. Brazilian society suffers with problems that exist since the beginning of the republic regiment that unfortunately, were never solved. The basis of the political, economic and social conflicts in Brazil are perpetuated since the proclamation of the republic. The country's problems are the result of the ideology of governments concerned about maintaining the oligarchic supporters and elite interests. Few were the presidents who managed to reduce class differences and work for the general benefit of the nation. The political history of the twentieth century shows the government's tendency to work in favor of few people, corruption and repression of the population as a whole. This article is about the military dictatorship and its legacy that until today were not yet overcome.

g   Key Words Brazil - political - military dictatorship - social crisis

1. Introducción
El Brasil de comienzos del siglo XX tenía un perfil político golpista. Vargas había llegado al poder en 1930 mediante un golpe de Estado civil, y había logrado mantenerse en él mediante otro golpe de Estado civil y militar, en 1937. Fue depuesto en 1945 por los militares. Estos acontecimientos y la historia completa, muestran cómo los militares se integraban en la política brasileña.

El golpe militar se llevó a cabo por una confluencia de factores, que llevaron a este resultado la política brasileña en 1964. El comienzo de la conspiración militar tuvo lugar durante la investidura de Getúlio Vargas en 1950. El entonces Jefe de Estado había sido depuesto por el gobierno militar en 1945. Cuando el depuesto presidente decidió postularse para un segundo mandato, el sector militar que había apoyado su derrocamiento y el líder civil de la Unión Demócrata Nacional (UDN), Carlos Lacerda, consideraron esta candidatura una afrenta a la democracia. Lacerda proclamó a los brasileños: "el Sr. Vargas no es elegible. Como candidato no puede ser elegido. Si es elegido, vamos a hacer una revolución para derrocarlo" (Napolitana, 2014). Con la victoria de Vargas para la presidencia en 1950, la UDN y los militares comenzaron una campaña para derrocar a su gobierno. A finales de 1954 se prepararon para deponer al presidente, quien se suicidó.

El sucesor del presidente Juscelino Kubitschek, apadrinado de Vargas, también sufrió una feroz oposición. Con la complacencia del vicepresidente de Vargas, Café Filho, que había tomado el control del país después del suicidio, los conspiradores militares y Carlos Lacerda trataron de impedir que Kubitschek asumiese la presidencia. Sin embargo, fracasaron y el general Henrique Lott, entonces ministro de la Guerra, se rebeló contra la conspiración golpista -derrocó a Café Filho y entregó el gobierno al presidente del Senado Federal. Así, Juscelino Kubitschek pudo tomar posesión del gobierno federal. A pesar de la feroz oposición, el presidente democráticamente elegido pudo completar su mandato.

Después de la presidencia de cuatro años de Kubitschek, Jânio Quadros fue elegido democráticamente y tomó posesión del cargo en 1960. En un intento de autogolpe, renunció a su cargo en 1961. A través de golpe de la oposición del " getulismo", los " lacerdistas", militares y anti-comunistas intentaron evitar la toma de posesión del vicepresidente João Goulart. El golpe fracasó de nuevo, pero evidenció la fuerte influencia del ejército en la política brasileña y sus intentos de tomar el poder.

2. Los Primeros Cuatro Años De La Dictadura Militar
Al principio, el golpe fue cívico-militar. Los civiles de la derecha creían que los militares no tardarían en entregar el poder al pueblo, con un entorno político "saneado" -sin, comunistas, radicales ni izquierdistas populistas. La derecha brasileña era elitista y autoritaria, nunca aceptó el voto popular, el nacionalismo económico, la agenda distributiva, la presencia de movimientos sociales y de los trabajadores. Para los militantes de esa derecha, estas acciones respondían al populismo y la sublevación. Todavía no sabían de las intenciones reales de las Fuerzas Armadas.

El golpe militar fue contra el régimen populista, contra la formación de la élite y en contra de un proyecto social. Gran parte de los golpistas no sabían lo que estaba por venir, pero las Fuerzas Armadas, el Colegio Nacional de Guerra, y el IPES ya habían programado un esbozo del régimen que estaban a punto de instituir (Napolitano, 2014, p. 142).

Humberto de Alencar Castelo Branco (1964 -1967) fue elegido por el Congreso Nacional, con 361 votos a favor y 72 abstenciones, el 11 de abril de 1964. " El comandante de la nueva nación tenía objetivos estratégicos claros, una política orientada a la acumulación de capital que exigía acciones autocráticas a largo plazo" (Andrade, 1985). Tras la toma de posesión, Castelo Branco depuso de los cargos a líderes civiles y militares en consonancia con las reformas populares y el gobierno depuesto. La idea era aniquilar las facciones políticas que se habían adherido al reformismo, interrumpir las fuerzas de izquierda y reprimir los movimientos sociales.

Con la intención de combatir la corrupción y la subversión, controlar la población y consolidar el poder militar sin anular la Constitución, se promulgaron los Actos Institucionales. Estos convirtieron a Castelo Branco en el verdadero constructor del régimen militar autoritario. Los Actos Institucionales se constituían como reglas y decretos publicados por los Comandantes en Jefe del Ejército, la Fuerza Armada y Aérea o el Presidente, con el apoyo del Consejo de Seguridad Nacional. Durante los años 1964-1969 se promulgaron 17 Actos Institucionales, que estuvieron en vigor hasta el final de la dictadura.

El primer acto institucional se publicó el 9 de abril de 1964 por la Junta Militar. Con 11 artículos, la AI-1 cedió al gobierno militar el poder de cambiar la Constitución, revocar leyes legislativas, suspender derechos políticos durante diez años, y despedir, poner a disposición el cargo o jubilar obligatoriamente a cualquier persona que atentase contra la seguridad del país y la integridad de la administración pública. Con el apoyo del AI-1 el nuevo régimen dio caza a los oponentes e inició la represión social.

El gobierno de Castelo Branco impulsó una política exterior alineada con EE.UU. Además de la retribución por apoyar el golpe, los militares mantenían una visión geopolítica de la unión con Washington, pues creían que el capitalismo brasileño solo se recuperaría con el apoyo de los norteamericanos. El gobierno de Castelo Branco nunca adquirió el perfil económico e ideológico nacionalista. Así que promulgó el liberalismo económico y la apertura de la economía brasileña al capital internacional. Las ganancias de los empresarios y los banqueros norteamericanos eran enormes en suelo brasileño. Sin embargo, a finales de los 60 la relación Brasil-Estados Unidos comienza a deshilacharse, entrando en estado crítico en 1976. Los estadounidenses estaban en contra de la adquisición de armas nucleares, que deseaban los militares brasileños. Además, el gobierno de Jimmy Carter añadió a su crítica del Departamento de Estado las violaciones de derechos humanos que la dictadura brasileña practicaba. Este acto provocó la repulsa total entre los militares. Después de la institución del decreto AI-5, muchos civiles y opositores al régimen fueron torturados o simplemente desaparecieron en los sótanos de los edificios del gobierno.

Con el fin de facilitar y conceder apoyo a los inversores de las grandes empresas nacionales y multinacionales, la política militar promovió una visión estratégica de la modernización del Estado con el molde capitalista. El gobierno de Castelo Branco tuvo que controlar la inflación y restaurar la capacidad de inversión de la Unión. El presidente implantó acciones a través de la fuerza que Jango no logró aplicar, redujo el gasto público y los salarios. El gobierno reorganizó el sistema de impuestos y mantuvo a raya los intereses locales y regionales que impedían la integración de los impuestos. También puso en marcha el Plan de Acción Económica del Gobierno (PAEG) para que la economía creciera, pero sin distribuir los lucros a las masas trabajadoras. Como resultado, empeoró la distribución de los ingresos y aumentó la distancia entre ricos y pobres.

El gobierno creó un mercado laboral flexible, en el que permitió a las empresas despedir a los trabajadores a bajo costo en caso de un descenso de los beneficios o de recesión. Una nueva política de ajuste salarial se aplicó sobre la base de un cálculo que mezclaba la inflación pasada con la expectativa de la inflación futura. Los trabajadores siempre salían perdiendo, pero con la represión los sindicatos poco podían hacer para cambiar la nueva política salarial.

La reforma agraria era un problema para la modernización de la economía brasileña. Las grandes propiedades impedían el progreso en el campo. Resolver el problema era vital para producir más alimentos, manejar el ritmo del éxodo rural e introducir la tierra en el sistema capitalista moderno. Pero la reforma agraria era un tema complicado de discutir, ya que podía entenderse como un acto del comunismo. Para sanear esta cuestión, la administración Castelo Branco propuso el Estatuto de la Tierra a finales de 1964, basado en tres elementos: los impuestos progresivos (dependiendo del tamaño de la propiedad), la expropiación con indemnización y la ocupación de tierras ociosas (Napolitana, 2014).

Castelo Branco instauró un régimen autoritario y fue a través de AI-2 que el gobierno militar rompió definitivamente con los aliados civiles del golpe. La derecha creía que el gobierno militar sería temporal y pronto se reinstauraría la democracia. El AI-2 marcó el fin de la ilusión de un gobierno de transición para el establecimiento de un régimen militar autoritario. El AI-2 estableció la elección indirecta para el presidente del país, disolvió todos los partidos políticos existentes desde 1945, aumentó el número de ministros de la Corte Suprema de 11 a 16 y reabrió el proceso de castigo para los opositores al régimen. También estableció que el presidente pudiera declarar el estado de sitio durante 180 días sin consultar al Congreso, intervenir en los estados, decretar el receso en el Congreso, despedir a los empleados por ser incompatibles con el régimen y descargar decretos-leyes y acciones complementarias en temas de seguridad nacional. También podría criminalizar a las personas con derechos políticos revocados que se expresaran públicamente.

Aquellos que no aprobaban la nueva política brasileña pero habían apoyado el golpe de estado, como Carlos Lacerda y Adhemar Barros, se sentían contrariados porque creían que podían mantener intactos los intereses partidistas y electorales. Ahora estos se habían convertido en opositores al gobierno. Carlos Lacerda rompió con el gobierno definitivamente a finales de 1965, declarando públicamente: " yo tenía el deber de movilizar a la población para corregir ese error (...) que ayudé a crear" (D'Araújo, 1992). Lacerda decidió unir fuerzas con antiguos enemigos políticos por un bien mayor: luchar contra el régimen opresivo instaurado. Se puso en contacto con Juscelino Kubitschek, exiliado en Portugal, y con João Goulart, exilado en Uruguay. Juntos crearon un largo documento llamado Manifiesto del Frente Amplio. El manifiesto contenía una dura crítica al régimen, que ellos calificaban de dictadura militar, y defendía el proceso democrático interrumpido en 1964.

Otros que se manifestaron públicamente fueron los izquierdistas del PCB y los liberales arrepentidos de haber apoyado al gobierno. El partido puso en marcha en 1965 la Resolución de Mayo, asumiendo la resistencia civil al régimen. El documento presentaba a la dictadura como reaccionaria y sumisa al servicio de los Estados Unidos. Los comunistas querían unir a todas las fuerzas anti-dictatoriales para derrocar al régimen militar y defender la libertad democrática.

Los seguidores de Leonel Brizola, la izquierda radical, organizaron el Movimiento Nacional Revolucionario (MNR). Además de los radicales seguidores de Brizola, formaban parte del grupo los militares destituidos después del golpe. Al mando del coronel Jefferson Cardim, el MNR intentó invadir el estado de Rio Grande do Sul. El resultado no fue favorable para el grupo, que cambió su objetivo a Serra do Caparaó, también sin éxito.

El 24 de enero de 1967 los militares promulgaron una nueva constitución, que entró en vigor en marzo del 67. La nueva Carta Magna cambió el nombre de " Estados Unidos do Brasil" a " Republica Federativa do Brasil" -nombre oficial que ha permanecido hasta la actualidad. La constitución del 67 fue creada en el Acto institucional n°4, con el objetivo de conferir plenos poderes a los militares y el reconocimiento al régimen militar como ilimitado y soberano. La nueva constitución no cambió mucho respecto a la anterior, solo incorporaba los actos institucionales. El 15 de marzo el gobierno divulgó el Decreto-ley 314, que estableció la ley de Seguridad Nacional -llamada a garantizar la seguridad nacional del Estado en contra de la subversión del orden público.

En el mismo 1967, el mariscal Arthur de Costa e Silva (1967-1969) tomó posesión del poder y prometió devolver el estado a la democracia. La prensa lo calificó como la "posesión de la esperanza." En el discurso inaugural, dijo que quería abrir el camino para una "democracia auténticamente nuestra." Poco después de dejar el poder, el general Castelo Branco murió en un accidente de avión el 18 de julio de 1967.

El nuevo comandante del país no tenía reales intenciones de cambiar el régimen, pero en el plano económico actuó rápidamente. Con el objetivo de acercar el gobierno a la clase media, retomar el crecimiento económico y mejorar la administración nacionalista, Costa e Silva tomó las siguientes medidas:

El ministro Delfim Netto bajó los tipos de interés, lo que frenó la inflación y el consumo, y el ministro de Trabajo Jarbas Passarinho se comprometió a revisar la dura política salarial implantada por el gobierno de Castelo Branco. En la política exterior, Magalhães Pinto, banquero y conspirador de la primera sublevación contra Goulart, reanudó en cierto modo el nacionalismo al alejarse del alineamiento automático con Washington. (Marco Napolitano, 2014, p. 183)

Costa e Silva se convirtió en uno de los presidentes más intransigentes del régimen al implantar el AI-5. La represión comenzó con la detención del periodista Hélio Fernandes, que había comprado el periódico Tribuna da Imprensa, de Carlos Lacerda. El periodista publicó un artículo en el que describía a Castelo Branco como un hombre frío, cruel y vengativo. Los militares interpretaron el artículo como un insulto al régimen y el Ministro de Justicia Gama e Silva ordenó la detención del periodista a finales de 1967.

El año siguiente fue uno de los más violentos de la historia de la dictadura, y se conoció como el año que nunca terminaba. La Frente Ampla, liderada por Lacerda, JK y Jango, organizó numerosas manifestaciones que coincidieron con la radicalización del movimiento estudiantil. Desde 1966 el movimiento estudiantil fue conquistando las calles y ganando fuerza política, ya que era muy fuerte dentro de las universidades. Los estudiantes regularmente protagonizaban enfrentamientos con la policía y con el "voto nulo" expresaban el descontento de la clase media. En el año 68 los estudiantes se unieron a la Frente Ampla, a la que el gobierno había prohibido manifestarse.

Desde el 64 el régimen trataba de poner fin a las manifestaciones estudiantiles. Reprimió a las organizaciones estudiantiles con medidas de reforma en las estructuras administrativas, profesionales y en el currículo de las universidades. El objetivo era despolitizar las actividades académicas y desahogar la presión con más vacantes en las universidades. El régimen quería impulsar medidas para reformar la administración y la estructura de las universidades.

El principal desencadenante de las manifestaciones tuvo lugar en marzo de 1968, cuando el movimiento estudiantil llegó a las calles de Río de Janeiro y el estudiante Edson Luís de Lima Souto fue fatalmente disparado por la policía. Su muerte originó una rebelión en todas las esferas de la sociedad y desató una gran tensión entre los estudiantes. Aproximadamente 60.000 personas asistieron al funeral del estudiante asesinado. La misa de sufragio de Edson Luís se convirtió en una batalla entre estudiantes y fuerzas de choque del gobierno.

En junio de ese año hubo numerosas manifestaciones con estudiantes tratando de entrar en el edificio del Ministerio de Educación y de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). El 21 de junio se produjo el "Viernes Sangriento", cuando los estudiantes se enfrentaron a la policía y los agentes de la DOPS, con un saldo de cuatro muertos, 23 heridos de bala y varias decenas de heridos más. " El 26 de junio tuvo lugar la marcha de los 100.000, que reunió a estudiantes, artistas, intelectuales y a gran parte de la población" (Napolitano, 2014, p. 171). Las manifestaciones tuvieron lugar en todo Brasil.

En julio el régimen prohibió las protestas y las manifestaciones. Los estudiantes se reunieron y crearon la Unión Nacional de los Estudiantes, en la que muchos de ellos apoyaban la lucha armada. El gran debate era cómo enfrentarse a la dictadura, y la participación en las reuniones eran masivas. El movimiento estudiantil estuvo formado por diversas corrientes ideológicas, entre las que destacaban Acción Popular (AP Católica izquierda), el Partido Comunista de Brasil (PCdoB, maoísta) y el Partido Comunista de Brasil (PCB). Los radicales seguían abogando por la lucha armada de los estudiantes, puesto que muchos creían que se trataba de la única solución contra los militares. Los estudiantes formaban la base principal de las guerrillas de izquierdistas.

El año de 68 estuvo marcado por el sentimiento de interrupción de una experiencia histórica, llena de promesas libertarias y que terminó, literalmente, por decreto con el AI-5. El detonante principal para la creación de AI-5 fue la declaración del diputado Márcio Moreira Alves, MDB, en la Cámara, en los días 2 y 3 de septiembre. Marcio Moreira lanzó una llamada a la población para que no participase en los desfiles militares del 7 de septiembre, y para que las mujeres jóvenes, "ardientes de la libertad", se negasen a salir con los oficiales. El ministro de Justicia, Luís Antonio da Gama e Silva, promulgaba en el 13 de diciembre de 1968 el Acto Institucional No. 5, que daba plenos poderes al Presidente de la República y daba a los gobernantes el poder de castigar arbitrariamente a los que eran enemigos del régimen o eran considerados como tal. El AI-5, en sólo 12 artículos, otorgaba al Presidente, entre otros, la facultad de revocar mandatos para intervenir en los estados y municipios, suspender los derechos políticos de cualquier persona, declarar el receso del Congreso y tomar sus funciones legislativas en el ínterin. El AI-5 también suspendió el habeas corpus por delitos políticos. En consecuencia, fueron censurados los periódicos que se oponían al régimen militar, así como libros y obras de "subversivos" que eran sacados de circulación, mientras que muchos artistas e intelectuales tuvieron que exiliarse al extranjero. El decreto de la detención y la tortura se extendió a todas las escalas de la clase social: estudiantes, intelectuales, periodistas, artistas, trabajadores -todos los que se atrevieran a protestar contra el régimen conocerían la persecución militar. El AI-5 marcó el inicio de los anos de chumbo, de las violentas represiones de los militares sobre la sociedad brasileña.

3. La Guerrilla Revolucionaria: La Sociedad Se Arma Contra El Régimen Militar
Arthur Costa e Silva, a pesar de promulgar el AI5, previó el fin del acto cuando solicitó a los juristas Carlos Medeiros da Silva, Miguel Reale y Temístocles Cavalcanti un proyecto de enmienda para restaurar con plena vigencia la Constitución de 1967 y extinguir el AI5. La enmienda fue escrita y el día para firmar el documento era el 7 de septiembre de 1969 (día de la independencia de Brasil). Sin embargo, una semana antes el presidente sufrió un derrame cerebral. En mal estado de salud, Costa e Silva se retiró de su cargo y falleció dos meses después.

Debido al alejamiento de Costa e Silva, se produjo una crisis política en torno al nombramiento del nuevo presidente. Los políticos militares se debatían entre la política económica y la manera de luchar contra los guerrilleros. Llegaron a un consenso para elegir al general Emilio Médici Garrastazu (1969-1974) para el comando general de la nación. El general Médici (como era conocido) asumió el cargo en octubre de 1969. Inmediatamente, tuvo lugar la apertura del Congreso Nacional, que estaba cerrado desde diciembre de 1968, para legitimar el presidente electo. En el discurso de inauguración, Medici proclama: " Como hombre de la ley, siento que la plenitud de la democracia es una aspiración nacional (...) Creo que es necesario consolidar y dignificar el sistema representativo basado en la pluralidad de partidos, y garantizar los derechos fundamentales del hombre" (Ferreira, 2014).

A pesar de hablar de la democratización del país en su discurso inaugural, el general Médici fue el presidente militar más duro y lideró con brutalidad la represión social. Los derechos humanos y legales de los ciudadanos se suspendieron con el AI5. La lucha contra la llamada subversión era prácticamente estudiantil e intelectual.

La detención y el exilio estaban reservados a los líderes rebeldes procedentes de la élite o de la clase media superior. La detención y el exilio estaban reservados a los líderes rebeldes procedentes de la élite o de la clase media superior. La ofensiva contra los grupos de la oposición entre 1969 y 1974 no perdonó a nadie. Un indicativo dado de la composición social, de la guerrilla y la represión, es la educación escolar: de los 17.420 procesados por la justicia militar, que forman la base del archivo del proyecto Brasil Nunca Más, el 58% tenían educación superior completa o indirecta, y el 16% tenían educación secundaria. En total se estima que la mitad de los detenidos y procesados correspondía a estudiantes universitarios. La mayor parte de los miembros de las organizaciones armadas tenían hasta 35 años (82% de la Alianza Nacional Liberadora (ANL), el 94% de Acción Popular (AP), el 93% de la Colina, el 96% del Movimiento Revolucionario 08 de octubre (MR8), el 86% de PCBR y 86 % del VAR), con la predominancia de los integrantes con edad hasta 25 años (Napolitano, 2014, p. 241).

En este período hacer política, luchar por los derechos civiles y humanos era sinónimo de una muerte lenta en los sótanos de los cuarteles militares. Con el apoyo de la legislación, los militares gobernaron bajo el lema: la vigilancia, la censura y la represión. La legislación represiva incluyó la Ley de Seguridad Nacional, las leyes de censura, los actos institucionales y complementarios y la Constitución de 67. El ejército creía que todas las personas en contra del sistema debían ser consideradas subversivas y tenían que ser reprendidas a través de la tortura. El enemigo del régimen no tenía una cara específica, así que toda la sociedad estaba bajo sospecha.

Los militares no solo reprimieron con la violencia, sino también con la censura. La ley de censura entró en vigor en 1946 con la Ley n° 20.493, y los militares complementaron la legislación con la Ley 5526 de 1968 y el Decreto 1077 de 1970. Con el discurso de salvaguardar la moral y las buenas costumbres, el gobierno politizó la censura. Pero fue con la creación de la División de Censura del Departamento de Policía Federal, creada en 1972, que la censura adquirió carácter burocrático.

Deseosos de mantener la hegemonía del régimen, los militares censuraron cualquier comentario en contra del gobierno entre los artistas, intelectuales y la prensa. Actuaron libremente en programas de radio y televisión, pero había algunas restricciones en la censura de textos y libros, obras de teatro, películas y periódicos -la dictadura actuaba como ante-getulista y no quería despertar el recuerdo de la represión de la prensa en los tiempos del Estado Novo. La preferencia del gobierno ahora era procesar a los periodistas, en lugar de aplicar una represión directa a los periódicos, el objetivo era transformar a la prensa en un canal de conversación con la sociedad. Asimismo, cuando los periódicos publicaban informaciones ofensivas y en contra de los intereses del régimen, la represión directa era la solución más utilizada. Para los principales periódicos nacionales, la censura estaba bajo la responsabilidad del Ministerio de Justicia, mientras que los periódicos de izquierda fueron amonestados con vetos totales, parciales o con el encarcelamiento de los periodistas.

La censura en el cine era más complicada, pues las películas brasileñas tenían una gran visibilidad internacional, y reprimirlas podría atraer el interés de las instituciones internacionales sobre la represión brasileña. Los militares querían abordar una modernización, y dentro de esos planes entraba la industria de la cultura y el entretenimiento, que movía mucho dinero. En este marco, los libros y revistas sufrieron la censura entre 1970 a 1979. La censura musical se hizo más contundente a partir de 1979. De cualquier manera el AI-5 no salvó a nadie y muchos artistas tuvieron que exiliarse durante algunos años. Así que la censura fue efectiva como parte del plan de represión social: limitó el campo de la creación artística, la circulación de la opinión y la prensa. " La preocupación del sistema de información gubernamental era vigilar a los funcionarios públicos civiles, líderes de movimientos políticos, actividades legales o clandestinas de los movimientos sociales, y trayectorias de intelectuales y artísticas". (Napolitana, 2014, p.250).

Para combatir la represión, la sociedad se organizó y con el inicio de la dictadura nacería la militancia de la guerrilla. Antes del golpe ya existían los fans de las guerrillas, especialmente después de la revolución cubana, pero eran pocos los militantes idealistas. Después del golpe militar tuvo lugar la adhesión de miembros de la sociedad civil en las guerrillas, que en conjunto con la política de izquierda promovieron numerosas acciones contra el régimen. Después de agotar todas las posibilidades (sin armas) de oposición al régimen, la lucha armada era la única alternativa que los izquierdistas veían para derrocar la dictadura.

Con el crecimiento de la guerrilla, apareció el símbolo más aterrador del período de la dictadura militar, el DOI-Codi (Destacamento de las Operaciones y de la Información - Centro de Información de Defensa Interna). El objetivo consistió en conocer a la prensa, reprender y reprimir cualquier movimiento contrario a los intereses del régimen, originado por los militantes y/o izquierdistas. Antes del DOI-Codi, existía la Oban (Operación Bandeirante), con la intención de integrar la información a nivel nacional, para organizar los procedimientos y metodologías, así como reprender a los guerrilleros. El enfoque de la represión entre 1963-1969 fueron los guerrilleros y sus organizaciones. El Oban seguía la línea escuadrón de la muerte, que operaba en São Paulo desde principios del decenio de 1960, y en la que las acciones se resumían en matar y extorsionar a los delincuentes comunes (Napolitano, 2014, p. 253). El delegado de la Policía Civil de São Paulo Sergio Paranhos Fleury, de Oban, consiguió atrapar en una emboscada y asesinar en 1969 a Carlos Marighella.

Marighella fue uno de los principales comunistas brasileños, considerado el enemigo "número uno" de la dictadura. Diputado por el PCB, su mandato fue revocado en 1947 durante el gobierno del general Gaspar Dutra. Como activista y guerrillero luchaba en contra la dictadura, e incluso escribió el mini-manual de la guerrilla urbana. Solía decir que el deber del revolucionario es hacer la revolución. Debido a la ruptura con el PCB, fundó en 1967 lo que se convirtió en un grupo guerrillero importante, la Acción de Liberación Nacional (ALN). Marighella se acercó a los intereses cubanos y se convirtió en el mayor defensor de la guerrilla comunista.

Ya en 1967 el ALN organizó el asalto a un tren en São Paulo. Otras dos acciones también impulsadas por la ALN fueron el lanzamiento de una bomba en la embajada de los Estados Unidos y el secuestro del embajador estadounidense Charles Elbrick, que fue intercambiado por 15 presos políticos. Las acciones de los guerrilleros trataron de financiar su infraestructura y publicitar a las masas. Tras el secuestro del embajador estadounidense, el régimen intensificó la lucha contra las guerrillas y se lanzó a la caza de las guerrillas, que resultó en la muerte de Carlos Marighella, en 1969, y Carlos Lamarca, en 1971 -los dos principales mitos de la lucha contra el régimen. Muchos otros activistas fueron arrestados y torturados. La represión social impuesta por el régimen dio lugar a consecuencias devastadoras para el país, suponiendo un trauma colectivo en la juventud e inaugurando un ciclo de terror, en el que luchar contra la injusticia social y la política eran sinónimos de prisión y tortura.

Durante la intensa represión con la tortura como base, quedaron suspendidos los derechos jurídicos y humanitarios. Las acciones sobrepasaban los límites de la ética militar, que predicaba el tratamiento humanitario de los prisioneros. Con la intención de ocultar las torturas, las organizaciones militares crearon centros clandestinos, además de desarrollar técnicas para hacer desaparecer los cuerpos de los presos. Oficialmente el guerrillero no estaba ni detenido ni muerto. El régimen, primeramente, hacía desaparecer el cuerpo mediante la incineración, descuartizamiento y entierro de forma anónima o con los nombres intercambiados. (Napolitano, 2014)

4. El Milagro Económico Y El Retorno A La Democracia
Sobre la base de los trabajadores pobres, que proporcionaban un bajo cuesto laboral en el campo y en la ciudad, la economía de la dictadura creció entre 1964 y 1985 hasta un 6,7% del PIB. Este crecimiento se basaba en una disminución del salario mínimo que tuvo una pérdida real del 25% entre 1964 y 1966, el 15% entre 1967 y 1973. Durante el régimen militar Brasil se comportó como una economía en desarrollo: en 1964 era el 64° país mundial en PIB, y en menos de diez años ya había alcanzado la 10° posición (Napolitano, 2014: 314). Ese crecimiento se dio debido a la disminución salarial, la dependencia de inversiones de capital internacional, y la brutal concentración de la renta per cápita del país (rigurosa hasta para los mercados capitalistas).

La fatal distribución de la renta produjo una gran crisis en los años 80, pues los civiles, además de no conseguir cambiar el panorama económico, agravaron la mala distribución. Sin embargo, " no se puede negar que en consecuencia del proceso estructural desencadenado antes del golpe militar, junto con políticas económicas específicas y facilitadas por la ausencia de la democracia, proporcionaron una autonomía burocrática para los tecnócratas en el poder" (Napolitano, 2014, p. 311).

 

El régimen militar brasileño pasó, al menos, por tres fases distintas en la política económica. En un primer momento, una política dura de ajuste fiscal y monetario, a gusto de la ortodoxia liberal. Menos dinero, menos crédito, control salarial, menos gastos y más impuestos. Todo eso junto marcó la política económica del gobierno de Castelo Branco (1964-1967) (Napolitano, 2014, p. 315).

 

Esa ideología económica basada en la recesión social marcó los primeros años del milagro económico, que fueron seguidos por la administración del general Médici y los años de chumbo del régimen. Entre 1969 y 1973 la economía creció un increíble 11% al año, llegando a casi 14% en 1973. Pero el crecimiento económico del país no era sostenible y no justificaba las acciones de los militares. Durante ese período, la dictadura no gustaba a nadie, ni dentro ni fuera del país. Era necesario iniciar un cambio de régimen.

Dos voces importantes de la sociedad brasileña: la iglesia (católica), y la orden de los abogados (OAB), se manifestaron públicamente contra la dictadura. La iglesia realizó una misa en el día 30 de marzo del 1973 en memoria de Alexandre Vannuchi Leme, estudiante de 22 años asesinado por los militares por oponerse al régimen. La misa reunió a cinco mil personas en la Catedral de la Sé, en el centro de la ciudad de São Paulo. El papa Juan Pablo VI también se opuso públicamente a favor de los derechos humanos. La OAB, en la V Conferencia Nacional de 1974 organizó unas conferencias bajo el título " O abogado y los directos del hombre". En medio de los debates sobre los derechos humanos, la creciente oposición de la iglesia y la necesidad de la revisión del modelo político, se dieron las elecciones de 1974.

Ernesto Beckmann Geisel (1974-1979) asumió el liderazgo del país el 15 de marzo de 1974. Elegido por el partido militar ARENA (Alianza Renovadora Nacional), Geisel vence con 400 votos a favor y 76 en contra frente a su adversario Ulysses Guimarães. El mayor símbolo del gobierno de Geisel consistió en ser el presidente autocrático que había iniciado el proceso de apertura para la transición a la democracia que tendría lugar en 1985. El perfil autoritario fue utilizado para destronar a la línea dura del poder y poner orden en las Fuerzas Armadas, que hasta entonces hacían lo que querían sin ninguna restricción o fiscalización.

La apertura de la transición política para el gobierno civil fue larga y gradual, empezó en 1976 y duró nueve años. La represión sobre los medios de comunicación y sobre los opositores continuaría con la administración Geisel hasta el 76, con un saldo de 39 opositores desaparecidos y 42 muertos como consecuencia de la represión. La opresión siguió hasta mediados del 1976. Entre los asesinados estaban el periodista Vladimir Herzog, que se había presentado voluntariamente al DOI-Code para esclarecer su supuesta conducta criminal contra el sistema. Herzog era un importante periodista y su muerte causó un profundo malestar entre el gobierno y la prensa. Los militares divulgaron una fotografía del periodista colgado en la prisión y alegaron que él mismo se había suicidado. La misa ecuménica de sufragio de Herzog reunió a ocho mil personas.

La muerte del periodista causó un extremo malestar entre la prensa y el presidente. Geisel estaba tratando de aliviar la censura y transformar la prensa en su canal de aproximación a la opinión pública. Sin embargo, con la muerte del periodista sus planes fracasaron. Geisel habría pedido personalmente al II Ejército controlar a los agentes. Otra muerte que causó malestar tuvo lugar en enero del 76, la del sindicalista Manuel Fiel Filho, también a manos de los militares. La desobediencia de los militares hizo que el presidente depusiera sumariamente al comandante del II Ejército, pero esa fue la única medida tomada en respuesta a las muertes. El presidente estaba más molesto con la manifestación de rebeldía de los militares de la línea dura contra la apertura del régimen que con los asesinatos en sí.

La presión en los cuarteles venía a través de la violencia, pero en 1977 los militares explicitaban la necesidad de cambios en el sistema. Controlar a los militares era necesario para institucionalizar el régimen y abrir nuevas posibilidades de legitimación institucional. Para iniciar el proceso de institucionalización habría que controlar el aparato policial de represión. El proceso se inició en el 1977, se firmó en el 1978 y siguió con la candidatura oficial de João Figueredo a la presidencia.

Si Geisel tenía la intención real, en el inicio de su administración, de trabajar para restaurar la democracia, no se sabe, pero debido a las innumerables manifestaciones en el año 77, no le quedó más remedio que iniciar la apertura del régimen. A pesar de toda la represión, los movimientos estudiantiles nunca cesaron. Los estudiantes continuaban organizando y celebrando manifestaciones en las calles de São Paulo, Rio de Janeiro, Belo Horizonte, Salvador y Porto Alegre. Exigían la liberación de los presos políticos y la apertura al regreso de la democracia. La iglesia católica, en la XV Conferencia Nacional de los Bispos del Brasil (CNBB) publicó un duro manifiesto contra la dictadura. El título era " Exigencias cristianas de un orden político". La Agencia Brasileña de Prensa (ABI) también publicó un manifiesto bajo el título " Por las libertades democráticas." La 29° Reunión Anual de la Sociedad Brasileña por el Progreso y Ciencia (SBPC) fue más un acto a favor de la democracia y una reunión tecno-científica. El gobierno había prohibido a la Pontificia Universidad Católica (PUC) celebrar la reunión, pero la universidad conservó su independencia y llevó a cabo el evento, demostrando ser un espacio para la lucha contra el régimen. Sin embargo, el mayor de todos los eventos y manifestaciones tuvo lugar en la Facultad de Derecho de la Universidad de São Paulo (USP) en agosto de 1977, cuando la institución cumplió 150 años. El Jurista Gofredo da Silva Telles Junior leyó un largo documento de 14 páginas, en el cual daba una bofetada a las acciones del régimen. El discurso decía: " La fuente genuina del orden no es la fuerza, sino el poder. (...) El poder al que nos referimos no es el poder de la fuerza, sino el poder de la persuasión. Ilegítimo es un gobierno lleno de fuerza, pero vacío de poder" (Neto, 2013). La lectura de la carta reunió a 600 personas en el salón de Noble de la Facultad y a otras tres mil personas en el patio interno. Al final del acto le siguió una manifestación con 10.000 personas recorriendo el centro de São Paulo. Las presiones en el 1977 fueron tan grandes que Geisel se vio obligado a planificar y empezar la apertura del régimen.

La presión procedente de las calles y del propio sistema político certificó la necesidad del proyecto de democratización. Los militares habían percibido que tendrían de devolver el poder a los civiles, pero lo hicieron sin perder el control en los cambios políticos y económicos. Así pues, la mudanza a la democracia y la reordenación institucional estaban subordinadas a una seguridad instaurada por los militares y al diálogo con la sociedad civil. El debate sobre el retorno de la democracia estaba en todas las esferas sociales: el gobierno a su modo, los empresarios, los intelectuales y los partidos discutían sobre el tema. Aunque con distintos sentidos y conceptos -el AI-5 convirtió cualquier opinión democrática en un crimen contra el régimen. " El gobierno comprendía la palabra democracia como un mero debate de ideas y críticas constructivas". (Napolitano, 2014, p. 510)

La presión también era económica, pues el país pasaba por dificultades, ya que los tiempos habían cambiado y la economía no ofrecía perspectivas prometedoras. El petróleo pasaba por una crisis que demostrara la fragilidad y la dependencia de la economía brasileño por el producto. El gobierno también necesitaba ampliar la producción de energía eléctrica -deficiente en el Brasil hasta la actualidad. La inflación en el 1974 se duplicó y el PIB se redujo a la mitad respecto al año anterior. Los tiempos del milagro económico habían acabado. Un nuevo plan económico estaba en curso y la mayor parte de la cuenta la iba a pagar la clase media. En septiembre de 1974 el II Plan Nacional de Desarrollo fue lanzado como una reorientación económica que prometía altas cuotas de crecimiento en los años siguientes. El plan aumentaba el espacio para los tecno-burócratas y ejecutivos estatales en comparación con los empresarios de la iniciativa privada. Los empresarios tampoco estaban contentos con la dictadura, así que nombres de la élite empresarial privada, responsables de gran parte del PIB, se manifestaron también a favor del retorno de la democracia. Entre ellos estaban: Antonio Ermírio de Moraes, Severo Gomes, Laerte Setubal, José Mindlin, Claudio Bardella y Luís Eulálio Bueno Vidigal. Todos ellos firmaron el manifiesto del grupo de los ocho, lanzado el 26 de junio de 1978.

La política exterior también estaba en crisis, pues la relación entre Brasil y los EE.UU. mostraba indicios de ruptura. A finales de 1975 la política exterior brasileña reconoció a Angola, excolonia portuguesa con régimen comunista, como país. También dio un voto anti-sionista en la ONU, para consagrar el reconocimiento de la organización para la liberación de Palestina, un hecho que no sentó bien a Washington, aliado de Israel. En consecuencia, la administración de Jimmy Carter criticó públicamente la violación de los derechos humanos ejercida en Brasil. El presidente de los EE.UU. y el Papa Pablo VI lanzaron fuertes críticas al gobierno brasileño. Explícitamente, en referencia a las violaciones de los derechos humanos ejercidas por el régimen. Además, EE.UU. se opuso a las investigaciones nucleares y el Papa condenó la aprobación jurídica del divorcio.

Aún de la mano de la administración Geisel, a finales de 1978 fue revocada la persecución de 120 exiliados, si bien el listado mantuvo fuera a Leonel Brizola y Luís Carlos Prestes. La ley de Seguridad Nacional también se suavizó y permitió la liberación de algunos presos políticos. La ley de amnistía estaría en la agenda del siguiente gobierno.

La campaña electoral de 1978 presentó trazos de la época del populismo, con el candidato João Baptista Figueredo viajando en comicios oficiales por todo Brasil. Figueredo, candidato del presidente Geisel, tendría como objetivo proseguir con la apertura del régimen. La oposición presentó la candidatura del general Euler Bentes, militar nacionalista y candidato oficial del partido MDB. En el día 15 de octubre de 1978, Figueredo ganó las elecciones con 355 votos a favor, 266 votos en contra y 4 abstenciones.

La inflación al comienzo del gobierno de Figueredo ya alcanzaba el 50% anual, sobre la base de la política recesiva, de control de crédito y de salario fomentada por su predecesor. La economía estaba en mala situación, especialmente cuando la revolución Islámica, en Irán, estalló en el inicio de 1979 e invalidó uno de los mayores parques productores del petróleo del mundo. Como consecuencia, el valor del petróleo se disparó de manera exponencial. Los EE.UU., para controlar la inflación interna - los efectos de la crisis que sufría y atraer el capital externo-, aumentó los tipos de interés de base de la economía, interveniendo en la tasa de los préstamos bancarios. Los préstamos que Brasil había acordado con los EE.UU. eran de flujo fluctuante, así que el coste de la deuda brasileña explotó. " Las exportaciones no pagaban el coste de la divisa y con el país altamente dependiente del petróleo importado, el déficit de la balanza comercial escapó de su control" (Napolitano, 2014, p. 602). En 1980 la inflación llegó al 110% y en 1982 las amortizaciones consumían más de 90% de las exportaciones brasileñas.

El 1979 estuvo marcado por numerosas manifestaciones y reivindicaciones del fin de la dictadura. El movimiento sindical del ABC paulista cambió la estrategia y organizó una paralización que dejó a los militares sin margen de maniobra. Los obreros, sin un líder conocido, en sus pausas diarias organizaron una huelga que quedó para la historia. Fueron a trabajar, marcaron el horario de llegada en la tarjeta del día, como era costumbre, llegaron a sus puestos de trabajo y no hicieron nada. Los trabajadores del ABC (región tradicionalmente industrial de São Paulo) y de distintas montadoras de coches que sumaban miles de empleados se sentaron frente a las máquinas y no trabajaron. La policía no sabía cómo reaccionar, -sin un líder no había a quien reprimir y todos los trabajadores estaban dentro de las empresas. Así que la policía no podía entrar y sacarles a fuerza, pues los empresarios tampoco permitirían la destruición de la maquinaria. Los obreros exigieron mejores salarios. La inflación exponencial creciente destrozó a la clase media.

Esa huelga remodeló el movimiento sindical, desde entonces muy distinto del pasado, cuando el sindicalismo dependía del gobierno para existir. Ese nuevo movimiento creó una nueva identidad para los obreros, nació con independencia del estado y estableció nuevas formas de organización y nuevos liderazgos. " El nuevo sindicato buscaba una participación democrática, directa y autónoma" (Uris, 1999). Así nació el liderazgo de Luiz Inácio Lula da Silva, que en la época ya era líder sindical y se vinculaba al Sindicato de Metalúrgicos de São Bernardo do Campo y Diadema. El nordestino migró con su familia a São Paulo cuando aún era un niño y por influencia de su hermano José Ferreira da Silva -conocido como Frei Chico- ingresó en la junta directiva del sindicato, y acabó siendo su líder. Como tal, Lula creó el Partido de los Trabajadores (PT), unas siglas que desde el principio tuvieron una gran aceptación entre los sindicalistas, obreros e intelectuales.

Las manifestaciones sociales poco a poco ganaron carácter político y de reivindicación de la redemocratización. Los problemas sociales estaban en todo lo cotidiano, desde la exigencia de mejores salarios a una mejor distribución de la renta, pasando por salud, educación y cambios en el sistema social represor y opresor. Así nació la campaña por las elecciones directas.

En 1983 se iniciaron los debates para la sucesión de Figueiredo, al tiempo que empezaba la campaña por las elecciones directas. En 1984 el diputado federal Dante de Oliveiral (PMDB-GO) creó la enmienda constitucional para las elecciones directas a la Presidencia de la Republica, y con ella el movimiento "directas ya" ganó fuerza entre la sociedad. El partido PMDB abrazó la campaña con dos posibles candidatos a presidencia: Ulysses Guimarães y Tancredo Neves. A principio el gobierno PDS no logró nominar a nadie, pues los posibles candidatos Paulo Maluf, Aureliano Chaves e Mario Andreazza tenían ambiciones propias y no llegaban a ningún acuerdo. Antonio Carlos Magalhães, político importante del partido, era enemigo de Paulo Maluf. Debido a tantos desencuentros, Figueiredo anunció en la red nacional de Televisión que continuaría en la carrera por la sucesión.

Junto con la campaña por las " directas ya", en febrero de 1984, el documento del Servicio Nacional de Informaciones (SNI) constituía los siguientes escenarios políticos: la prorrogación de los mandatos por dos años, seguidos de elecciones directas y la convocatoria de una Asamblea Constituyente; elecciones directas ya, con el aval del gobierno; sucesión, hecha por el Colegio Electoral y cierre y retroceso, con suspensión del proyecto de redemocratización (Saretta, 1997). La opción del gobierno no gustaba a Figueiredo, era la prorrogación del mandato y el aval del Colegio Electoral. Como Tancredo Neves era próximo a Geisel, su nombre no espantaba los militares.

Las protestas y manifestaciones a favor de las directas estaban en todas las ciudades del país. Iban a los comicios familias enteras, ciudadanos comunes, estudiantes, sindicalistas, militantes izquierdistas y activistas de movimientos sociales. Toda la sociedad exigía el regreso de la democracia. Las protestas también eran una consecuencia de la grave crisis económica a la que el pueblo se enfrentaba. Existía la proyección de un futuro en el cual los problemas podrían ser resueltos por presidentes elegidos por el pueblo.

Los políticos del PMDB no creían que los militares aprobarían las directas, así que decidieron negociar una transición indirecta entre gobierno y PMDB. Entre los que los apoyaron estaban Fernando Henrique Cardoso, Severo Gomes y Roberto Gusmão en São Paulo. Ulysses Guimarães apostaba por la fuerza de las manifestaciones. En Rio de Janeiro, un millón de personas participaban en la manifestación por las directas ya. São Paulo también reunió 1,6 millones de personas en el Vale do Anhangabaú.

La enmienda Dante de Oliveira para la reforma constitucional se sometió a votación en el congreso, pero sin un quorum mínimo fue rechazada. Con la derrota, el PMDB buscó neutralizar la prórroga del mandato de Figueredo por dos años más. El partido cerró filas en torno a la candidatura Tancredo Neves a la presidencia, oficializada en junio de 1984. El candidato de la oposición, PDS, era Paulo Maluf -símbolo de corrupción y violencia fascista para con la izquierda. La candidatura de Tancredo Neves tuvo el apoyo de Ulysses Guimarães. Tancredo asumía formalmente que si salí electo no buscaría la venganza -no castigaría a los responsables de los crímenes contra los derechos humanos. En ese momento los políticos estaban más preocupados por revocar la dictadura que por castigar a los militares por toda la represión llevada a cabo durante sus gobiernos. El proceso final de la transición fue el resultado de las negociaciones entre los liberales civiles y los militares. El pacto era generoso para ambas las partes: los militares podían retirarse sin castigo por los crímenes de violación de los derechos humanos, y sin un cambio abrupto en el modelo económico, sancionado por las élites; los civiles retomarían el poder de manera gradual dentro de las libertades civiles y el juego político electoral.

En una elección indirecta, en enero de 1985 el civil Tancredo de Almeida Neves venció a su opositor el también civil Paulo Salim Maluf. La izquierda se sintió traicionada por el sabotaje de las directas, pero la población estaba contenta con el fin de la dictadura. Sin embargo, Tancredo Neves cayó enfermo y no pudo comparecer en la toma de posesión. José Sarney, también civil y vicepresidente, lo hizo en su lugar el día 15 de marzo de 1985. Tancredo Neves era conservador, pero fiel a sus ideales y coherente en su posicionamiento constante. La muerte del político llevó al poder a José Sarney, político creado por los militares que complicó el proceso democrático. La incerteza de lo que iba a ocurrir con el país preocupaba a todos, desde políticos a ciudadanos comunes.

5. Consideraciones Finales

Brasil consiguió la proclamación de la república (1889) debido a un golpe militar. Durante casi todo el siclo XX, las Fuerzas Armadas se habían integrado en la administración pública del país. A través de un golpe civil y militar, Getúlio Vargas había tomado el poder, y por un golpe militar fue depuesto en 1945. Con la ayuda de los civiles, los militares depusieron a João Goulard y tomaron el poder en 1964, cambiaron el régimen por una dictadura y gobernaronpor 21 años. A partir de las innumerables manifestaciones estudiantiles, armadas, populares y políticas, los civiles consiguieron devolver el país a la democracia exactamente 100 años después de la proclamación de la república (1989).

La historia del país demuestra la fragilidad del sistema republicano brasileño. También se percibe la tendencia de los gobernantes a instaurar administraciones oligárquicas y elitistas. Los gobernantes que trabajaron en favor del beneficio nacional popular fueron Getúlio Vargas, Juscelino Kubitschek y João Goulart. Esos líderes del estado federal intentaron implementar el desarrollo nacional y mejorar la vida de la población brasileña como un todo. Algunos historiadores acreditan que Getúlio Vargas no fue tan populista como consta en su biografía, pero no hay por qué negar los grandes avances que consiguió para Brasil y los beneficios laborales que implementó.

Los militares, por otro lado, tenían una ideología distinta, a favor de un mercado abierto y una política elitista, que excluía a gran parte de la población. Llegaron al poder traicionando a la UDN y a los aliados civiles al hacerles creer que estaban quitando de en medio a João Goulart para devolver el país a la democracia con una política saneada, sin el comunismo o sublevación. Engañaron también a los medios de comunicación y a la población brasileña que había salido a la calle para reclamar el fin del gobierno de Jango.

La administración de los militares fue basada en la represión a los comunistas y guerrilleros. Reprimieron también a los intelectuales, asesinaron y torturaron a miles de estudiantes, periodistas, artistas y todos los que estaban contra el gobierno. Transformaron a una sociedad impotente en víctima del arbitrio y de la violenta represión impuesta por la guerra entre el régimen y las guerrillas. La dictadura militar se esforzó por despolitizar la sociedad civil y mantener el debate político en círculos restringidos y tutelados por el ejército. La represión policial y la censura se unieron a la represión sobre las guerrillas, al alcanzar a todos los espacios entre la sociedad y la política. Ya en los años 70, el régimen militar habría alcanzado su objetivo mayor -alejar el reformismo y la amenaza de la revolución socialista. Las guerrillas estaban prácticamente aniquiladas, salvo pequeños grupos escondidos en las florestas del país.

Debido a tan grande represión, los artistas revindicaban a través de sus obras. Y el posicionamiento político era visto como algo original, pues la inspiración venía de la tierra, del nacionalismo, además de la lucha por la libertad de expresión y unas mejores condiciones de vida para el pueblo. La reivindicación del artista era un arma contra la dictadura militar. Arma que causó dolor a los implicados, que perdieron sus vidas o fueron exilados. Con tamaña represión, los artistas crearon distintos movimientos sociales. La cultura fue comprendida como una defensa de los derechos sociales que habían estado suspendidos para los ciudadanos brasileños durante los 21 años de la dictadura militar.

 

Referencias Bibliográficas

 

Andrade, A. M. (1985) Um Congresso contra o arbítrio: Diários e memória. Rio de Janeiro: Nova Fronteira.

D'Araújo, M. (1992). O segundo governo Vargas 1951-1954: democracia, partidos e crise política.. São Paulo: ática.

Ferreira, G. (2014). Antes do golpe, notas sobre o processo que culminou no golpe militar. São Paulo: Companhia das Letras.

Napolitano, M. (2014). 1964: história do regime militar brasileiro. São Paulo: Contexto.

Neto, L. (2013). Getúlio, do governo provisório a ditadura do Estado Novo (1930-1925). São Paulo: Companhia das Letras.

Saretta. F. Publicado en Szmrecsányi, T. y Suzigan, W. (1997). História econômica do Brasil contemporâneo: coletânea de textos apresentados no I Congresso Brasileiro de História Econômica, Campus da USP, setembro de 1993. São Paulo: Editora Hucitec (Associação Brasileira de Pesquisadores em História Econômica).

Uris, P. (1999). 360o en torno al cine político. Colección Cine, Diputación de Badajoz. Departamento de Publicaciones. Badajoz.

 

Notas

[1] Universidad de Valencia, Fundação CAPES (Ministerio da Educação do Brasil) España.
Doctoranda en Comunicación, Universidad de Valencia, España e Fundacion CAPES, Ministerio de Educación do Brasil.

 

 

 

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