Vol. 1. N°24 (II Semestre 2016) – Foro Científico

Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Playa Ancha

Valparaíso, Chile | e-ISSN 0718-4018 http://www.revistafaro.cl                                                             

 

Una  relectura de una tradición nuestra: a propósito del pensamiento de H. Schmucler sobre los 90 y su  concepto de postragedia. La vertiente de cultura y comunicación
A rereading of our tradition: the way of thinking of H. Schmucler on 90 and postragedia concept. The slope of culture and communication.

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Oscar Zalazar[1]
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales Universidad Nacional de Cuyo
grupozero07@gmail.com

 

Recibido: 29 de agosto de 2016
Aceptado: 1 de diciembre de 2016

 

 

 

g   Resumo •Se trata de a relectura de la tradición latinoamericana de investigación en comunicación social, específicamente de la vertiente de comunicación y cultura, continuando una tradición de comunicación horizontal e isegoria. El concepto de postragedia es una fina alegoría del proceso que va del fin del siglo XX cultural y el inicio de la globalización. Es el período de la posdictadura.

g   Palabras clave   •Relectura-cultura y comunicación - Concepto schmucleriano de postragedia


g   Abstract It is a rereading of the Latin American tradition of research in social communication. Specifically shed of communication and culture, a tradition Continuing horizontal and isegoria communication. The concept of postragedia is a fine allegory of the process from end of twentieth century culture and the beginning of globalization. It is the period of the post-dictatorship.

g   Key Words Rereading- culture and communication -Schmucleręs postragedia concept


 

 

1. Introducción

Releer una tradición seĖalada es una operación político-académica.  Es del mismo orden del establecer una bibliografía, es decir, es hacer una selección de referentes. Significa tanto reconocernos en una tradición de investigación y sumase a ella, como, al mismo tiempo, interrogar el presente desde esta perspectiva. Por estas razones, tomamos por nuestra cuenta la tradición latinoamericana iniciada en  la década de los sesenta, donde la preocupación de los académicos latinoamericanos por revertir los flujos de la información y la enorme tarea de la democratización de la comunicación, la afirmación de nuestro derecho a la comunicación como un derecho humano, de ver y ser visto, de oír y ser oído y de hablar y ser escuchado, independientemente del poder/ dinero, la etnia, la clase, la raza, el género, o la orientación sexual, son una constante, son las propuestas e interrogantes de la  Escuela latinoamericana de comunicación social.

Nuestro trabajo de releer supone retomar esa tradición, es decir, retomar los comienzos y re-comienzos de un sujeto singular, complejo y heteróclito: nosotros los latinoamericanos en el espacio de la comunicación social.  ņCómo pensar los actuales problemas de investigación a partir de los elementos que dan unidad y sentido a esta tradición de  investigación en comunicación social?

 Repensar la tradición latinoamericana de la escuela de comunicación social es una tarea colectiva que nos puede iluminar y seĖalar caminos para abordar el estudio de  los densos flujos, las agitadas corrientes, el complejo proceso de circulación de las noticias, las mercancías y las personas en nuestro espacio contemporáneo.

En fin,  Estudiar esa vida social de los mensajes, en las siempre “tormentosas” realidades  latinoamericanas contemporáneas supone una reflexión dentro de los límites temporales redefinidos. En nuestro caso, el marco temporal de nuestros interrogantes se refieren al proceso que va desde el inicio de la posdictadura en el sur del sur, el periodo donde la  tradición democrática, las aspiraciones nacionales y populares se enfrentan de nuevo a la reconfiguración de los viejos poderes: el de los multimedios y las trasnacionales, asociadas a la corrupción judicial y las vueltas al neoliberalismo. Las demandas por un  pensamiento renovado surgen, entonces,  como una  necesidad de este nuevo panorama social, y el esfuerzo por construir una nueva “caja de herramientas” parece imponerse en la escena contemporánea.  

Así  lo atestiguan las producciones surgidas del norte bajo la crítica al eurocentrismo bajo la lógica “wallersteniana” [1] , refundida  con el proceso multiétnico de Ecuador, como son las posiciones decoloniales y  posmodernas, también, desde ansias de emancipación nacidas desde el mismo sur, nos referimos a los valiosos aportes de  la comunicación intercultural que constituye un campo riquísimo de nuevas reflexiones. Se suman a esto ciertas corrientes del pensamiento poscolonial tanto del norte como las del portugués de Soussa Santos, o de las lecturas que retoman las tradiciones de la “negritud” y de la “creolite”, sumados a una corriente local de comunicación colectiva, continuadoras de la tradición combativa  surgida por mediados del siglo pasado en las radios mineras andinas, o las radios campesinas colombianas hasta el contemporáneo concepto de “vivir bien/buen vivir” como nuevo paradigma de la comunicación intercultural/social (Fuentes, 2014; Contreras, 2016; Bernat, 2014; Barranquero y Chiara, 2014).

Por último, nuestra relectura  procura continuar la tradición de  esa fascinación liminal por la isegoria [2] , motor de la productividad emergente de la primera época de la escuela, y a nuestro juicio la tradición más valiosa a ser recuperada, continuada y extendida. Se trata de pensar desde un sentido histórico, nunca destinado a “rumiar” el pasado, sino destinado a  saber  exactamente:

 

 (…) cuanto es la fuerza plástica de un hombre, de un pueblo, de una cultura, me refiero a esa fuerza capaz de crecer originalmente a partir de sí misma, de transformar lo pasado y lo extraĖo, de curar heridas, de reemplazar lo perdido,  de configurar de nuevo las formas quebradas  (Nietzsche, 1997, p. 32).

 

En este sentido, se vuelve necesaria una revisión de la globalización, mundialización y recuperación de las iniciativas populares y democráticas de los espacios locales,  nacionales y latinoamericanos, como así también la inspiración de una comunicación horizontal, el diálogo como modelo de la comunicación humana, entre los que habitamos el sur, entre los que  sostenemos el apotegma de Torres García el sur es nuestro norte. 

El pensamiento de la escuela latinoamericana fue organizado sobre la base del diálogo como modelo de comunicación humana, es decir una teoría de la comunicación  insertada en la tradición humanista del pensamiento latinoamericano [3] y la misma tradición, surge como una demanda, la de reestructurar la comunicación meramente vertical, sobre todo la que se ejerce del poder central hacia los países del área colonial norte sur. Pero también, la que siempre se ejerce del poder, ya sea nacional o local, y en el marco del tejido de la vida cotidiana. La palabra asociada al poder,  no es la palabra dialógica, sino la voz del poder arriba/abajo.

Si en  los 80 se cerró una etapa, la del conflicto y la construcción de un nuevo orden internacional, el Informe Mac Bride es el documento que condensa las aspiraciones del entonces “tercer mundo”, organizado sobre la base programática de la contribución de la comunicación al desarrollo personal y colectivo, de la identidad cultural, el derecho de los pueblos y la reciprocidad en los flujos de la comunicación. Se trató de las aspiraciones a la eliminación de los desequilibrios y desigualdades, de los efectos negativos de determinados monopolios, públicos o privados, y de las excesivas concentraciones. Se completó con una fuerte demanda  por remover los obstáculos internos y externos para un libre flujo, y más amplia y equilibrada diseminación de informaciones e ideas. Todo esto, tenía a la base la lucha por la identidad cultural de cada pueblo y el derecho de cada nación para informar al público internacional sobre sus intereses, aspiraciones y respectivos valores sociales y culturales. Se trataba del respeto al derecho de todos los pueblos para participar del intercambio internacional de información, basándose en la igualdad, justicia y beneficio mutuo, así como  el respeto al derecho de la colectividad, y de los grupos étnicos y sociales, para tener acceso a las fuentes de información y participar activamente en los flujos de comunicación. Verdaderamente, se trató de todo un programa que todavía sigue en lo fundamental, vigente, pues muchas de estas tareas quedan por resolver, y algunas se han agravado en su unidireccionalidad.

 Si en los 90 el análisis social destinado a dar una solución permanente al conflicto, un nuevo orden internacional de la comunicación y la información, cedió lugar al estudio de las negociaciones, de los cortes y de las continuidades, de un proceso de afianzamiento de la necesidad y radicalidad de la democracia (García, 2000), el incipiente proceso de globalización, mundialización y la puesta en crisis de paradigmas del siglo XX cultural, el proceso de transición entre un modelo y otro, será el marco histórico de la reflexión de Hector Schmucler sobre la tragedia y el pasaje a la postragedia.

A continuación, se presenta un artículo en formato ensayo, el cual busca analizar el concepto de postragedia en Héctor Schmucler en el marco de la postdictadura chilena.

 

2. Análisis. El concepto de postragedia

Es posible ubicar  el pensamiento de Héctor Schmucler en el contexto de la Escuela latinoamericana de comunicación social, como una fina y elaborada alegoría del proceso cultural que signó el fin del siglo XX cultural y el inicio del  actual.  Desde un primer momento, Schmucler (1997) piensa la cultura en vinculación con los medios de comunicación. Dicho de otra manera, su pensamiento es producto de la reflexión teórica renovadora en la que se encontró inmerso desde los 70 a partir de su estancia en Santiago de Chile, durante el proceso de vía pacífica al socialismo, cuando escribió el famoso prólogo al texto/manifiesto de los 70 de Dorfman y Mattelart.

Sin duda, compartió la necesidad de unir la teoría comunicacional con la lucha por  la democratización de la comunicación, ya que denunciar al imperialismo y los mecanismos de la dominación cultural era, al mismo tiempo, analizar científicamente los mensajes de la cultura de masas. Como afirma Gutiérrez , (2001), este el punto donde van a converger en forma explícita una serie de trabajos provenientes del campo del análisis cultural y del análisis comunicacional. No se trata de reducir  comunicación al análisis cultural, ni la cultura a comunicación, se trata del análisis de la comunicación social centrado en la cultura mediática. El análisis articula una metodología de análisis erudito, un objeto mundano, el texto de la cultura de masas, asociado a un proyecto de emancipación social y nacional.

No se trata de las hermenéuticas nacidas bajo la égida de la cultura del codex, del libro ilustrado, sino de los textos de la cultura mediática, desde la imprenta moderna hasta  el periódico ilustrado, de la radio y de la televisión, hasta internet.

Por esta razón, la búsqueda de una metodología propia, esto es, el estudiar los fenómenos de la comunicación en la contemporaneidad, quiere decir estudiar los objetos de la cultura industrializada, cultura mediática o cultura de masas. Este límite significa también que no son fácilmente trasladables los métodos y las categorías acuĖadas, por ejemplo, respecto del análisis literario; así,  la novela de vanguardia es un objeto culto, la telenovela es un objeto de la cultura mediática, es decir, Schmucler (1997) sabe y sostiene  una especificidad del análisis comunicacional, sus tópicos y métodos propios del espacio de la comunicación social.

Desde esta perspectiva se aborda el análisis de comunicación y cultura, en términos de un proceso histórico, el iniciado en la tragedia, el acontecimiento trágico de la oclusión a la vía pacífica al socialismo y llega al mundo postrágico, cuando florece negativamente el mercado en la edad de la posdictadura, la marca o huella de nuestra contemporaneidad en el sentido de Glissant, (2006), bajo el cual, la huella “es el errabundo y violento derrotero del pensamiento compartido” (s/p) del pensamiento resultado del dialogo y la isegoría.

 

3. La Posdictadura

Sobre la discusión del nombre, el intentar otorgar un nombre al periodo histórico iniciado tras el  fin del terrorismo de Estado en nuestro sur, este artículo prefiere el propuesto por Richard , “posdictadura”, ya que se continuó con el mismo modelo/alma: el neoliberalismo, pero con el formato de una democracia débil y condicionada, sujeta al modelo bipartidista, la espada de Damocles de la deuda eterna  y los ajustes dictados por los organismos internacionales.

Posdictadura también seĖala un periodo marcado a la vez, por la continuidad y la emergencia. La continuidad  del neoliberalismo, su triste y destructiva historia arrancaba en nuestro sur, con la trágica muerte del presidente Salvador Allende y la sangrienta dictadura  de Augusto  Pinochet. Aparece entonces la emergencia de una crisis seĖalada: se derrumban, como un muro, los parámetros ideológicos que habían direccionado todo el pensamiento de los últimos dos siglos: la  racionalidad técnica, la fe en los mundos posibles y el progreso nunca indeseado. En la reconfiguración de posguerra fría, el pensamiento latinoamericano en comunicación se va a ocupar de lo que se podría llamar la crítica al modernismo latinoamericano. Pero también, a las experiencias renovadoras del socialismo del siglo XXI y el avance de  los gobiernos nacionales y populares.

 

4. La postragedia

Pero eEn los noventa estamos en el pasaje de la tragedia a la postragedia, pasaje de los flujos sociales, de los mensajes, bienes y personas, también es el de una experiencia existencial, la tragedia entendida como experiencia de un mundo desolado y transido por el dolor, a la experiencia de un  mundo postrágico, la experiencia de un no-hombre nuevo:  el autómata de la cultura mediática de los 90.

Del sujeto asido al compromiso ético político de la revolución a la hegemonía de un sujeto abyecto, sometido al mercado y la pérdida de solidaridad. Pero en este oscuro panorama el triunfo del darwinismo social no llega a ser total. En su exceso de dolor, pese a su acceso mismo de dolor, ella misma, abre paradójicamente un horizonte otro: La tragedia, al poner de manifiesto el indescifrable enigma del destino humano, permite “un aguardar incesante”,  abre una perspectiva otra en el horizonte. (Abre una  clausura).

El interés de este trabajo estará en delimitar cómo se llega a esta figura de la postragedia en el pensamiento de Shmucler (1997), pero también como el pensador también  indica cómo salir de esa situación.

 

5. Volviendo a Héctor Schmucler

Para Schmucler (1997)  leer es recoger,  elegir aquello que quedó atrapado en la memoria. Pero no en una memoria singular, particular, sino en la memoria colectiva, pues  la memoria, es el relato de  la lucha, de los destinos compartidos por un colectivo, el de un nosotros, el grupo que supo continuar la tradición académica nacional y el compromiso político, construyendo una escuela latinoamericana de comunicación sobre la base de la comunicación horizontal:

Entre memoria y comunicación existe una relación inquietante: se excluyen y se necesitan al mismo tiempo. La idea de comunicación generalizada en nuestros días evoca la instantaneidad, la simultaneidad, y en el límite, el no-tiempo. La memoria, siempre exigió la duración, la persistencia; el concepto de velocidad le es ajeno. Para que la memoria se adaptara a la noción de comunicación sin tiempo tuvo que excluirse de los cuerpos y alojarse en la abstracción de seĖales electrónicas [4]

Quién es este nuevo golem? El golem, el autómata de la tradición judaica, no tiene la capacidad de la palabra, es  torpe absolutamente, pues es sólo denotativo,  literal y por lo tanto limitado y superficial, es el hombre máquina en la versión de su total inhumanidad, la mera reproducción simple, la expulsión del hombre de su genericidad. Es la metáfora de la alienación más radical, la total pérdida del misterio de la existencia humana, es la expresión de la total sumisión al mercado, la década de los noventa y la hegemonía neoliberal. La religión del “sálvese quien pueda” y el darwinismo social. En este mundo “La memoria ha desechado el espesor del pasado y la comunicación ha olvidado su originario sentido de “comunión”, que exige la amorosa presencia del otro”.(Schmucler 1997, p. 14)

El éxito del neoliberalismo se fundamentó en el desprecio por el otro, está  justificado en una ideología de circunstancia, propia de la experiencia del fascismo cómplice, como es la justificación con el “algo habrá hecho” durante el terrorismo de Estado y “el  sálvese quien pueda” del menemismo. El humor de la hegemonía del pensamiento único supone la ruptura de los lazos de solidaridad, el hombre golem, no siente ni cariĖo, ni compasión por el otro, no hay lugar para actuar en común. Entonces  se llega a una interpretación/convicción/constatación schmuclerianas:

En el mundo postrágico vivimos en una cultura signada por la declinación de las palabras y como consecuencia de esta pobreza, el mundo es cada vez más desolado.

Esta situación es el resultado de tomar un camino equivocado, pero no es el único camino posible, hay otros. La salida supone una reflexión crítica y un retomar la palabra

ómo se articula esa dialéctica entre tragedia y postragedia, ņcómo recobramos la riqueza de la comunicación y cómo encontramos esos caminos otros, esos otros caminos alternativos, utopísticos y posibles? Si lo que identifica  Steniener (2001)  como “tragedia en sentido radical”  es la representación dramática o, dicho con mayor precisión, la plasmación dramática de una visión de la realidad en la que se asume que el hombre es un huésped inoportuno del  mundo, esta situación trágica, la experiencia del exceso de dolor, esa misma situación abre o bien el horizonte posilustrado de una religión de consuelo, y por lo tanto el dolor seĖala el camino del dios, y más allá de los prejuicios racionalistas, se abraza a la muerte;  o bien se encarga de construir de nuevo otras tareas parara este mundo. Bien podría regresar  al lamento ancestral del hombre arrojado en un mundo, cargado de dolor o castigo primordial,  uno podría preguntarse ņpor qué? ņDe donde emerge este neoplatonismo? No se corre el peligro de llegar a la idea del hombre como títere de los dioses o bien como “lo mejor es no haber nacido”. En la idea del regreso a un tiempo pleno se alimenta siempre el veneno del conservadurismo, y aunque florece en medio de la protesta y el luto, el modelo de la presencia del dios escondido durante el holocausto, una línea de interpretación del terrorismo de estado, asociado a sus inscripciones existenciales, religiosas y sublimes.

Por esta razón, tal vez, la tragedia en Schmucler (1997)es la expresión de una conciencia desolada del mundo, de una incomodidad cósmica, pero también del humor pos-holocausto, superpuesto a la experiencia de la posdictadura.  Así el mundo de los golem-mercado es la

“... expansión del pensamiento tenue, el reinado de lo efímero, la defección de la memoria; días, en fin, celebratorios del mercado como medida de todas las cosas y la empresa como  clave articuladora de la existencia social e individual” (Schmucler, 1997, p. 14).

ņCómo salimos de este encierro en la alienación? En un  mundo donde palabras y cosas han perdido cualquier correspondencia, ņcómo vamos al encuentro de un algo más allá? En términos schmuclianos: ņcómo salimos de una  palabra-espejo y encontramos el mundo a través de la palabra ventana? La especifica búsqueda de la disyunción entre cosa narcisista/espejo y palabra ventana/permite ver, pero no sólo me permite ver la cosa, sino estar en comunión con las cosas, ventana-escape, salida y alteridad, segura orientación hacia lo otro y, fundamentalmente, apertura hacia el otro, comunicación, comunidad, comunión, hablar de igual a igual, isegoria. La isegoria me permite romper el espejo y ver a través de las palabras. El mundo desencantado pero pasible de un ser más solidario, libre e igual, más humano, de nuevo el humanismo latinoamericano, de nuevo el hablar de igual a igual.

Frente a la afirmación tautológica de la palabra narcisista, espejo de ella misma, la misma mismidad, el flatus vocis deconstructivo, escamoteo, juego de palaras y lapsus, declinación de la palabra, información, pura transmisión desafectada. Aislamiento y desolación. Racionalidad técnica. Deconstrucción escolástica, palabra que investiga con anteojeras, según Ramiro Beltrán, es la investigación que encuentra lo que presupone. La palabra ventana rompe la visión autoreferencial y nos permite pasar a  un segundo momento de análisis donde se repregunta: ņCómo se construyen estos caminos y por qué el hombre de occidente, el sujeto absoluto, tomó un camino de alienación?,  pues había otros posibles,  se podía tomar otro camino, el de la comunidad, de la comunicación como comunión. Se pierde la comunicación se pierde la democracia. Pero a la pérdida irreparable se llegar por la acción, a la praxis,  por sus obras los conoceréis.

tomó ese Entoncescamino? Entonces Smucler (1997) amplía su pensamiento, se extiende a un proceso cultural más amplio. Esta situación del mundo que ve declinar la palabra está determinada por dos ingredientes sustanciales. Por una parte, la modernidad como tiempo histórico/y proceso social, es el  proceso de colonización y  hegemonía de la racionalidad técnica. Por otra,  la situación trágica del hombre que se encuentra en un mundo que le es siempre ajeno y hostil, la experiencia de negación del mundo denota  un cierto platonismo, pero también el humor posilustrado.

Tal vez en ese gesto pre-poscolonial de retomar los grandes mitos fundadores de occidente, específicamente aquellos que aluden a la escisión originaria entre las palabras y las cosas, hay algo que irremediablemente sea hoy algo discutible. Sin embargo también podría ser esta afinación un anacronismo que nos impide ver la profunda fuerza comunicativa del pensamiento de Schmucler  (1997) donde co-existen varias tradiciones sobre el origen de la escisión.

Una proviene de  la tradición bíblica, se refiere a  tradición que ve en la caída relatada en el génesis el inicio de la ruptura entre palabras y cosas. Conocer después de la transgresión fue clasificar. Nos dice el autor que la palabra dejó de ser nueva cada vez,  dejo de ser creadora  y el hombre se extraĖó del mundo. La otra es la greco-latina que introduce la libertad de las múltiples interpretaciones en la figura de la muerte del dios Pan, figura que desde la época del Renacimiento en adelante, juega tanto sobre la naturaleza paradójica de Pan como divinidad que muere, como el papel de dios fundando la tradición de la risa, la farsa, el teatro y el espíritu dionisiaco y carnavalesco, y por lo tanto referencia del material de  la imaginación artística y literaria. Pero también, cuando forma parte del poder  divino y es parte del consejo de Dionisio y su muerte seĖala el fin del mundo antiguo por advenimiento del mundo cristiano, como también el fin del mundo arcádico y de su vida paradisiaca. Este fin de lo arcádico significaría por desgracia, “la llegada del mundo moderno, en el que Pan sería recordado únicamente como un símbolo, ya sea de la inocencia rústica o de las más básicas y profundas pasiones humanas”.  Esta tesis se relaciona con la tradición de la inocencia perdida o de la relación mágica del mundo totalmente perdida por la mediación técnica, el desencantamiento warburtiano del mundo, cuando no es ya la magia la que media entre hombre y naturaleza, al ser reemplazada por la técnica ese mundo se pierde para siempre y lo que queda es la racionalidad del dominio mismo  Esta ambigua naturaleza del dios que muere, ya a finales del siglo XIX,  va a adquirir un nueva significación como  fuerza elemental de la naturaleza, tanto terrestre como sexual, y por lo tanto un contrapeso necesario para amortiguar las fuerzas de la industrialización, la racionalidad, y la rigidez social.  El símbolo de lo otro no humano dota al dios de una nueva significación. Patricia Merivale atribuye gran parte de nuestra visión moderna de Pan al poeta del periodo victoriano tardío Robert Browning [F5]  , quien describió a éste “no como un dios caprino exterior a nosotros, sino como un dios caprino dentro de nosotros”, una figura que representa, “nuestra más profunda e instintiva naturaleza animal” (Schmucler, 1997, p.  90)

 

6. Discusiones

Las sucesivas muertes del dios mortal condensan la situación trágica y postrágica del  hombre,  es el recuerdo de esta condición escindida de los seres humanos. Distante del mundo, el hombre tratará de usar la palabra, imposibilitado de ser en ellas. Pero toma el camino equivocado, pues distanciado irremediablemente, siempre intentara usar la palabra para dominar el mundo. La nostalgia por la libertad perdida no tendrá pausa. La fractura es tremenda. La técnica, la tejne, que antes era una con la poisis, la creación, se volvió instrumento de dominio. Esta escisión hizo que el sinsentido de la técnica se volviera lo útil, absolutamente como el arte se volvió completamente inútil. La palabra es pura denotación, verticalidad, poder, no hay ambigüedad sólo hay ordenes, seĖales, mandatos.

La palabra se hizo técnica, instrumento, y los seres humanos instrumentos de instrumentos. Los tiempos perfeccionaron las distancias. Sólo la poesía desde siempre, logra devolver a la palabra su condición primigenia. ņCómo se llegó de nuevo al viaje sentimental, a un pasado donde la palabra arcádica no estaba escindida? El mercado y la modernidad. Si bien la muerte en la tradición bíblica es irreversible, entonces la condición primigenia es verdaderamente imposible, está  absolutamente perdida. Pero si pensamos en la muerte del dios pan como alegoría las cosas cambien y estamos en la postragedia. Pues la  época que más se alejó de dios fue la modernidad, en la  posmodernidad, se dará la forma exasperada  (tal vez desesperada) con que se muestra la modernidad en la época, cuando la técnica –el pensar técnico-ha desbordado cualquier límite y se prepara para dominarlo todo, el único camino humano es la palabra ventana, la poesía, la comunión, la comunidad.

La posmodernidad posutopica  y posrevolucionaria no es ya el mundo deseado por el sujeto moderno constructor de su genericidad sobre la ética de la militancia y lucha por un mundo nuevo.  La posmodernidad es para Schmucler (1997), un mundo donde ha triunfado la utopía mediática, pero donde la poesía aún tiene la capacidad de derrotarla. La salida es un arte que sirea para algo, una comunicación como poesía destinada a reponer la palabra ventana. Abrirnos a un mundo que necesita de nuestra acción emancipadora, abrir ventanas despejar puertas, crear salidas, atrapar pedazos de futuro.

 

 

Referencias Bibliográficas

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Schmucler, H. (1997) Memorias de la comunicación. Buenos Aires: Biblos,

Steiner, G. (2001) La muerte de la tragedia. Buencos Aires: Siruela 

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Wallerstein, I. (2005) La decadencia del imperio. EE.UU. en un mundo caótico. Tafalla:  Txalaparta.

 

 

 

Notas

[1] Según la tesis wallersteniana, los errores de la izquierda, la estrategia fracasada y su insuficiencia operativa, son un resultado casi inevitable de las operaciones del sistema capitalista en contra del cual luchaba la izquierda (Wallerstein, 2005)

[2] “Isegoría” es un término filosófico que implica un sistema en el que todos hacen uso de la palabra de igual a igual. Puede ser interpretado como una forma de avanzar hacia la “democracia”.

[3] Respecto de la tradición humanista, el presente artículo adhiere a la posición de Arturo Roig en su teoría y critica del pensamiento latinoamericano.  México tierra firme, 1980 donde  sostiene que habría que referirse al humanismo lascasiano, como grado cero de la afirmación de la humanidad de las “indianas gentes”, como el reconocimiento de la dignidad humana de los  habitantes americanos, y  por lo tanto como “inicio” de la larga  trama de la afirmación del carácter de sujeto pleno de derechos, tal  como la historia de la lucha por la afirmación de un nosotros y de lo nuestro, de la construcción de las nacionalidades, y de los avatares de los últimos cinco siglos, según, nuestro registro actual del tiempo, hasta los recientes movimientos de derechos humanos que  cierran el siglo xx y abren el presente